Era una mujer muy hiperactiva, considerada de mal carácter y algo recalcitrante con sus empleados, además era extremadamente perfeccionista y detallista en su oficio. Siempre solía pronunciar controvertidos dichos relacionados con la moda y los hombres. Poco dada a la actividad social redundante, prefería las relaciones discretas y sólidas. Fácilmente influenciable por aquellos de quienes ella misma se mofaba, estuvo a punto de caer en la manipulación de un alto oficial de las SS que deseaba atraer hacia el régimen las simpatías de altas personalidades que eran parte de sus relaciones privadas. Posterior a esto, se libró por poco de ser considerada colaboradora de los nazis y se sumió más tarde en la soledad autoimpuesta hasta el final de sus días.
Sus declaraciones enmarcan la personalidad de la modista como una persona carente de afectividades y probablemente incapaz de entregar afectos.
Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó.